Día de las escritoras

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El día 19 de octubre se celebra el trabajo y el esfuerzo de las mujeres que, a través de sus textos, nos han dejado una huella indeleble en nuestra memoria, han desarrollado el arte de contar historias y han aportado su talento a la literatura universal para disfrute y deleite del resto de los mortales. El 19 de octubre celebramos el Día de las Escritoras.



Y lo hará con las V edición de la efeméride en la Biblioteca Nacional de la mano de Elvira Lindo que actuará en calidad de comisaria de esta exposición especial bajo el tema “El esfuerzo cotidiano de las mujeres”.

He leído declaraciones de Elvira en los medios de comunicación al respecto de esta exposición. "La voz de las mujeres suele exhalar un aliento esforzado, una conciencia constante de que la vida siempre ha de exigirles más que a los hombres" y me ha hecho reflexionar sobre el valor del esfuerzo de las mujeres en todos los ámbitos de la vida y en todas las épocas hasta llegar a nuestros días.

Esa cultura del esfuerzo se vio reflejada en los textos firmados bajo una mano femenina. ¿Cómo hubieran podido si no las mujeres abrirse camino en un mundo de y para hombres? A través del anonimato de sus obras, el valor de escribir pese a todo y, sobre todo, gracias al esfuerzo cotidiano para lograr normalizar lo que debería estar normalizado desde hace ya muchos años. En la literatura y en el resto de las facetas de la vida.

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Un artículo de la Biblioteca de la Rioja nos habla de cómo la autora Joanna Russ describió los obstáculos a los que se enfrentaron las escritoras para conseguir que sus obras pudieran ser publicadas. Este decálogo de barreras en la literatura femenina que nos ofrece Joanna puede perfectamente valer para cualquier otro ámbito profesional en el que la mujer se ha tenido que abrir camino y en los que hoy en día aún siguen luchando. Vamos a reflexionar sobre alguno de ellos a modo de homenaje y para demostrar que, pese a todo, estas barreras persisten aún en nuestros días en ámbitos muy diversos.

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Barreras en la literatura femenina
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Prohibiciones legales o sociales

Muchas escritoras tuvieron que trabajar bajo el paraguas de un pseudónimo masculino o directamente de manera anónima para poder escribir y que les publicaran sus obras. El papel de la mujer estaba muy limitado y debía ser sometido al escrutinio del hombre. Sucedía en muchos ámbitos de la vida (si no en todos) pero especialmente en el trabajo y el deporte. Basta decir que las mujeres no pudieron participar en unas Olimpiadas hasta el año 1900 y de una manera totalmente testimonial siendo solo 6 mujeres que podían jugar con otros hombres únicamente al golf y al tenis. Para trabajar, una mujer debía pedir permiso a su padre o, si estaba casada, a su marido para poder desarrollar una actividad profesional que se saliera del canon del trabajo en casa dedicado a la familia y el cuidado de los niños. En España esto sucedía hasta hace bien poco enmarcado dentro del régimen dictatorial de Francisco Franco. Hasta para abrirse una cartilla de ahorros se necesitaban los permisos masculinos. Las mujeres, a base del esfuerzo destinado a demostrar su valía, y a luchar contra la indulgencia de gran parte de los hombres, se fueron abriendo camino en todos los sectores económicos donde su presencia no era representativa. Es decir, en todos. En menos de medio siglo su papel y desempeño en nuestra sociedad ha sido determinante. A ellas no solo les tocaba demostrar constantemente su valía en el trabajo frente a otros hombres, sino que debían hacerlo por partida doble: la mujer trabajadora trabajaba, y en muchos casos lo sigue haciendo, fuera y dentro de casa.
Esa cultura del esfuerzo ha permanecido inalterada en el ADN de la mujer que debe esforzarse el doble para conseguir lo mismo que sus iguales masculinos. Pensad solamente qué sucede en una familia en la que ambos progenitores trabajan cuando alguno de sus hijos se pone enfermo. Si os cuesta adivinar quién se ausentará del trabajo para cuidarlos, ¡enhorabuena! Quizá hayamos avanzado bastante en estos años, aunque me temo que muchos de vosotros adivinarán la respuesta fácilmente.
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Mala fe entendida como técnicas de menosprecio y negación del talento

Cada persona que haya tenido que oír aquello de “tu no vales”, seguramente convenga que es un duro mazazo al ego y a la autoestima. Pues esto era la norma a la que se tenían que enfrentar nuestras primeras escritoras cuando querían mostrar su talento al mundo. También pasa en muchos ámbitos laborales reservados tradicionalmente a los hombres. Profesiones como militar, cuerpo de bomberos o cuerpos de seguridad del Estado, la industria, el transporte, etc. han sido coto privado para una única parte de la población.
La lucha de mujeres pioneras en todos estos sectores ha ido allanando el camino para lograr una normalización en estos trabajos que, al ser considerados más físicos, suponían de facto una exclusión para todas aquellas mujeres dispuestas a ganarse la vida con estas actividades sin tener en cuenta el talento de éstas para desarrollar dichos trabajos con total normalidad.
03

Negación de la autoría

Sucedía también que, pese a demostrar su capacidad para hacer una actividad igual de bien o mejor que los hombres, las mujeres han visto como se las negaba la mayor. Cuando una novela brillaba más y sobresalía del resto se ha llegado a afirmar que la novela era fruto de todas las influencias (por supuesto, masculinas) que han pasado por la autora y que una mujer lo máximo que podía hacer es reflejar en la novela las ideas que había absorbido de los hombres.
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Aislamiento

Cuando hablamos de aislamiento nos referimos a seleccionar una única gran obra de la autora, esa que no puede ser ya contradicha en modo alguno, y otorgar a la autora esa única medalla. Como si solo pudiera ser capaz de escribir una gran obra en la vida. En el mundo laboral también sucedía que, por miedo a perder su estatus o sus puestos de trabajo a mano de mujeres, se las intentaba relegar al ostracismo más recalcitrante concediéndolas un único éxito, si lo conseguían, como si formara parte de la suerte y el puro azar.
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Anomalía o excepcionalidad

Cuando por fin se las ha reconocido, en muchos casos ha sucedido que este reconocimiento ha sido vendido como una especie de excepcionalidad a la regla. Ese “tú vales por que eres excepcional, pero el resto de las mujeres no lo es” ha sido el as en la manga para todos aquellos escépticos a los que no les ha quedado más remedio que reconocer en un momento dado las capacidades y habilidades de las mujeres, pero tratándolas como un caso puntual.
Libros
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Reacciones

Creo que la reacción general de la sociedad ante estos hitos ha sido superada con el tiempo por norma general. Las excepciones, los recelos, los miedos han surgido siempre desde los colectivos más temerosos de perder algo a manos de mujeres que, han demostrado poder hacerlo igual de bien (en muchas ocasiones mejor) que los hombres. Pero por el camino muchas mujeres han asumido ese discurso generalizado de que no es una actividad para ellas y han terminado sucumbiendo antes la opinión generalizada. Esto en la vida real se traduce en multitud de obras de mujeres que no han sido publicadas, que incluso no se han atrevido a seguir adelante al creerse estas opiniones o, las que lo han hecho, muchas veces se ha visto como su obra ha sido descubierta muchos años después del fallecimiento de la autora. Este punto, el sucumbir ante la opinión pública sigue siendo motivo de que muchas mujeres no se atrevan a dar el paso en sus profesiones o para destacar con sus habilidades, si éstas son consideradas típicamente como masculinas.
07

Estética y la atribución de textos a géneros menores

Les sucedió a las mujeres en muchas ocasiones que, tras constatar un éxito literario aclamado por el público y la crítica al ser publicado al abrigo de un seudónimo, desvelaron su autoría en una segunda o tercera edición y entonces, la maquinaria de desprestigio se puso en marcha. Como era demasiado decir negro cuando antes se había dicho blanco, se recurrió a otro tipo de argucias como clasificar la obra en un género menor o hablar en muchos casos de una estética ligada a un sentimentalismo que roza con la ñoñería a la hora de escribir. Al final se trata de describir el arte y el espíritu de la mujer como el opuesto, la parte antagónica del hombre, el blanco contra el negro o el fuego contra el hielo. Trasladándolo a la vida laboral, siempre ha habido profesiones que debían estar ligadas a la psique femenina debido a ese mismo principio en el que la mujer es fuente de ternura y amabilidad. Así hemos visto que profesiones como enfermería, secretariados, cocinas o limpieza y cuidado de otras personas han sido feudo indiscutido de ese supuesto espíritu femenino.

Que sirvan como ejemplo mujeres escritoras como Rosalía de Castro, Simone de Beauvoir, Emilia Pardo Bazán, Ida Vitale, Sor Juana Inés de la Cruz, Luz Pozo, Virginia Wolf, María Zambrano, Jane Austen, Concha Méndez, Ana María Matute, Gloria Fuertes o la propia Teresa de Jesús, cuya festividad se conmemora el 15 de octubre y sirve de pretexto para difundir el legado cultural de mujeres que tuvieron que enfrentarse a múltiples trabas para demostrar su valía y en “cuya escritura se refleja el esfuerzo de vivir, la vida trabajada, el cansancio y la voluntad de cumplir, a pesar de las trampas del camino, con una vocación tozuda e intensa".

Parece esa vocación tozuda en todos los ámbitos profesionales da sus frutos. Ejemplos como los Premios Nobel de este año, con un gran protagonismo femenino, lo demuestran. Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna se han alzado con el Premio Nobel en Química, Andrea Ghez como la cuarta mujer galardonada con el premio Nobel de Física y, la estadounidense Louise Glück, de 77 años, galardonada con el Premio Nobel de Literatura por "su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual".    

Visibilizar días como estos, donde la mujer es la protagonista del papel relevante que merece en la historia de la literatura en particular y en la historia y desarrollo de la humanidad en general, no solo es fundamental y necesario, si no que, se trata de una cuestión de justicia.

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